La exposición que tocaba hoy en clase, realizada por nuestras compañeras, trataba la temática educativa y social del problema derivado de los menores absentistas del centro escolar. Es un tema, a mi juicio, que parece fácil a la hora de abordar, sobre todo porque se ha puesto desde hace tiempo de moda, como uno de los ámbitos en donde intervenir desde el centro educativo, y más en concreto en los contextos con una serie de factores y características, como conflictivos, con bajos recursos sociales, en situación de marginación, etc. Lo cierto es que de fácil no tiene nada, y más aún cuando vemos, como en la exposición nos han reflejado, que esta temática es un problema multifactorial. Desde el ámbito familia hasta la propia persona existen numerosos espacios de
interacción e influencia que hacen que el o la menor sea absentista escolar.La cuestión radica en que no sólo se intente intervenir desde el centro, y más en concreto desde el área de orientación psicopedagógica, o dicho de otro modo, a cargo del educador social o del pedagogo, sino que se coordine conjuntamente con los Servicios Sociales y se intervenga en la familia. Muchos de los programas existentes que persiguen la escolarización del niño/a, que se están aplicando en localidades y centros parecen ser que se olvidan de un factor importante que es la concienciación y “educación” de la familia. Es cierto que los programas, tales como aquellos que dan dinero a cambio de que el menor vaya al colegio, recogen como único objetivo la escolarización de los niños. No obstante estos programas o proyectos de corte asistencial no erradicarán el pensamiento o el conocimiento que tienen la familia sobre la escuela. Hay que hacer ver que la escuela, a parte de un derecho, es un recurso que educa, que es beneficioso para su hijo/a, y es un medio de conseguir oportunidades y desarrollarse como personas. Es por ello, que la figura del educador social, así como de los Servicios Sociales, se hace imprescindible en este tipo de casos, y sobre todo con la ayuda de todos los profesores y el centro educativo en su conjunto.
En clase, se generó un debate sobre si se podía considerar maltrato emocional al absentismo consentido por los padres o tutores. Es cierto que está recogido como un tipo de maltrato, pero también es verdad que como he dicho anteriormente, cada familia tiene sus propias características y sus propios problemas. Es decir, cada niño es un mundo. Si echamos la vista hacia atrás, muchos de nuestros padres y madres dejaron de estudiar a muy temprana edad, y con el consentimiento de sus padres, para ponerse a trabajar. Esto mismo ¿es o era un tipo de maltrato?, ¿se tendría en cuenta entonces al contexto que le rodea al menor?. Es cierto que la palabra maltrato impacta, pero si realmente al menor le quita las oportunidades de aprender desde una educación formal, así estarías maltratando o ejerciendo una mala educación hacia su hijo o hija.
Personalmente creo que existen tres tipos de casos en general que se asemejan con la realidad educativa: existen los padres que dejan a sus hijos conscientes de que será lo mejor para ellos, para crecer, aprender y desarrollarse como personas, por otra parte, están los padres que no tienen conciencia de la importancia de la escuela y que dejan a sus hijos en ella como medio de conseguir un tiempo libre o para quedarse tranquilo, (éste caso responde a aquellos padres que afirman que dejan a sus hijos en su casa para quitárselos de en medio cinco horas y poder trabajar, o hacer las tareas del hogar o disfrutar del tiempo), y por último están aquellos padres que tienen hijos absentistas, yo les llamaría padres absentistas (pues creo que la escuela es de todos, alumnos y padres, y si el alumno no asiste, los padres tampoco participan en la escuela).
Las causas del absentismo son muy numerosas, es por ello que se hace imprescindible analizar el contexto social y familiar del menor, así como las características del propio sujeto. Por eso, creo que detrás de cada menor absentista consentido, es decir detrás de cada “maltratado emocionalmente”, existen numerosos factores en los que hay que intervenir, y quizá otro tipo de maltratos. Pongo un ejemplo que pasó en el Proyecto en donde yo ejerzo como educador socioeducativo de talleres sociales. Existía un niño que dejó de venir, o si venía era una semana al mes. Desde un punto de vista profesional este menor es absentista, pero la sorpresa fue que el menor no podía venir a la escuela porque su familia, en concreto su madre, lo utilizaba como conejillo en las tratas de contrabando. De este hecho nos dimos cuenta porque el menor un día vino a clase con una bolsa de cocaína en el bolsillo. ¿Qué quiero decir con esto?, pues que está bien que se considere maltrato el hecho de que el menor no disfrute, por consentimiento de los padres, de una educación en la escuela, pero que se tenga presente de que detrás de esa ausencia existen unos problemas que hay que analizar, que a veces ni la propia familia ni el contexto del menor pueden controlar.
En definitiva, y cerrando un poco esta entrada, considero que la exposición ha sido buena, he aprendido a diferenciar conceptos y a conocer un poco los proyectos que se están llevando a cabo en la actualidad. El perfil del educador social es imprescindible en estos casos, como se ha reflejado en la exposción

2 comentarios:
Buena entrada Miguel. Bien argumentada y desde posiciones propias. Jose
Buena entrada Miguel. Bien argumentada y desde posiciones propias. Jose
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