
Hace varios días pasaba las hojas de un periódico y me encontré la noticia, como estaba de moda, de que en Francia se iban a expulsar a los gitanos rumanos. Cuando pasé la segunda hoja aparecía otra noticia en la que una mujer había sido acuchillada a manos de su marido, gitano (solo que no era rumano), y ahora la polémica está servida con una niña de diez años, gitana-rumana, que ha parido un bebé. No me alarmé de ver las noticias, pese a que no podían resaltar más los enunciados con una ornamenta extravagante y con una frase en negrita que decía: Gitano y Rumano. Lo que sí pensé fue qué pasaba en la sociedad, hay algún complot para que echen a los gitanos o es que los gitanos rumanos están haciéndose notar en los medios de la forma menos positiva.
La verdad es que la clase del jueves anterior, donde intentamos analizar el caso que ya anunciábamos en las entradas anteriores, me hizo reflexionar mucho. La pregunta que más rondaba en mi cabeza fue ¿qué hay detrás de todo esto?, porque se le pone un empeño a que salga siempre la palabra gitano-rumano, pero sin embargo ocurren muchas cosas al día y no proceden de gitanos-rumanos, y no se dice ni si quiera la etnia ni la procedencia. Pongo un ejemplo, un andaluz malagueño que sea expulsado de su vivienda, no tiene la misma repercusión social que si un iraquí que practica la religión musulmán es repatriado a su país. Ya se dijo en clase por el profesor, identificar la problemática parece fácil, pero no lo es. Con respecto a la problemática de la expulsión de gitanos rumanos, muchos hemos pensado que el problema reside o se centra en el racismo, otros en la xenofobia, algunas pensaremos que en el desconocimiento de la cultura. Pero si te paras a pensar, que un gobierno, ejecutados por políticos, tome la decisión de expulsar a los rumanos de su país no creo que sea por desconocimiento de la cultura ni por racismo, en una primera causa. Quiero decir que el dinero lo mueve todo, y si “ a mi país le falta dinerito, que lo paguen los que menos tienen”.
Primero fue el gobierno italiano cuando entre 2007 y 2008 que se aplicó una política de desmantelamiento de poblaciones gitanas que ocasionó una serie de expulsiones sin control. Más tarde, este mismo verano, ha sido Francia que lo que han alegado ha sido expulsar a personas que no cumplen la legislación en materia de inmigración, delincuencia y falta de antecedentes penales. Por otro lado, en la directiva de la libertad de movimiento entre los países de Europa se recoge en sus artículos que los países europeos pueden expulsar ciudadanos de la unión europea por motivos de seguridad, pero sólo a esa persona que ha cometido el delito, no a su familia ni tampoco por pertenecer a un grupo étnico y social determinado. Dicho esto, coincidimos con las declaraciones de una de las representantes de la Fundación para el Secretariado Gitano, Belén Sánchez Rubio: "Los 8.000 gitanos que han sido expulsados de Francia en lo que va de año, ¿eran una amenaza para la seguridad? Entiendo que determinadas personas sean una amenaza, pero no un colectivo".
Para ser concisos, el problema radica en la pobreza y en la economía de los países. Durante años, los países en sus procesos de adhesión a la UE, como el caso de Rumania o el de Bulgaria, han recibido millones de euros de los Fondos FEDER y del Fondo Social Europeo, para mejorar las condiciones de vida de los gitanos. A ello, hay que sumarles que desde 2003 los países miembros de la Unión Europea han recibido, según ha señalado un experto de la Comisión Europea al Financial Times, 17.500 millones de euros para proteger a los gitanos y a otra población vulnerable. Cantidad que no se ha destinado del todo para estos colectivos. Por lo tanto, en tiempos de crisis económicas y de polémicas y asuntos políticos, los gobiernos europeos “centrales” en materia de economía aprovechan el momento para estigmatizar al colectivo gitano rumano, con el motivo de la seguridad ciudadana a la población. Realmente lo que se está haciendo es intentar echar al colectivo que más mal está visto por la sociedad, con el fin de que la economía del país se ahorre las inversiones en tal colectivo rumano. Dicho así es realmente alarmante hasta qué punto pueden los gobiernos pensar en el “bienestar de unos pocos”, pero lo que está claro es que se utiliza el racismo propiciado, ya sea por los medios de comunicación o por otro motivo, la xenofobia, así como los problemas de convivencias que se generen en la sociedad con este colectivo, con tal de que sea una excusa para echarlos.
Por lo que vemos, el problema es bastante complicado, porque desde una visión profesional de la Educación o el Trabajo social existirían no solo una problemática en al que intervenir, sino que existirían muchas más vertientes que se acompañan de soluciones complejas. Hemos dicho que el problema es económico en casi su totalidad, pero si lo derivamos a la sociedad, el problema toma varias direcciones, ya sea la educación y formación, la convivencia, el racismo, la precariedad laboral, etc. ¿Por dónde empezamos?, como hemos aprendido, no se puede intentar abarcar todo de una vez, pero por alguna parte hay que empezar, pues lo que está claro es que como no se tomen medidas para solventar las problemáticas sociales causadas, el incremento de los conflictos sociales irán a más. La “normalización y racionalización” del racismo es uno de los inconvenientes que podemos apreciar a largo plazo, sin contar con la generalización como estereotipo que en anteriores entradas hemos hecho hincapié. Pensemos que es difícil combatir contra la cultura “del éxito basada en la cultura del dinero”, pero si intervenimos poco a poco y bien, los frutos darán respuestas en un futuro. Después de analizar más profundamente los orígenes del problema, la pregunta más importante, por lo que a nosotros los educadores sociales nos respecta, sería: ¿qué medidas y cómo intervendríamos para intentar solucionar el problema? Esperaremos a las siguientes clases para ver las vías de intervención que mejor aplicación tenga. Lo que sí está claro es que la educación y la formación es el pilar básico para empezar a construir.
La verdad es que la clase del jueves anterior, donde intentamos analizar el caso que ya anunciábamos en las entradas anteriores, me hizo reflexionar mucho. La pregunta que más rondaba en mi cabeza fue ¿qué hay detrás de todo esto?, porque se le pone un empeño a que salga siempre la palabra gitano-rumano, pero sin embargo ocurren muchas cosas al día y no proceden de gitanos-rumanos, y no se dice ni si quiera la etnia ni la procedencia. Pongo un ejemplo, un andaluz malagueño que sea expulsado de su vivienda, no tiene la misma repercusión social que si un iraquí que practica la religión musulmán es repatriado a su país. Ya se dijo en clase por el profesor, identificar la problemática parece fácil, pero no lo es. Con respecto a la problemática de la expulsión de gitanos rumanos, muchos hemos pensado que el problema reside o se centra en el racismo, otros en la xenofobia, algunas pensaremos que en el desconocimiento de la cultura. Pero si te paras a pensar, que un gobierno, ejecutados por políticos, tome la decisión de expulsar a los rumanos de su país no creo que sea por desconocimiento de la cultura ni por racismo, en una primera causa. Quiero decir que el dinero lo mueve todo, y si “ a mi país le falta dinerito, que lo paguen los que menos tienen”.
Primero fue el gobierno italiano cuando entre 2007 y 2008 que se aplicó una política de desmantelamiento de poblaciones gitanas que ocasionó una serie de expulsiones sin control. Más tarde, este mismo verano, ha sido Francia que lo que han alegado ha sido expulsar a personas que no cumplen la legislación en materia de inmigración, delincuencia y falta de antecedentes penales. Por otro lado, en la directiva de la libertad de movimiento entre los países de Europa se recoge en sus artículos que los países europeos pueden expulsar ciudadanos de la unión europea por motivos de seguridad, pero sólo a esa persona que ha cometido el delito, no a su familia ni tampoco por pertenecer a un grupo étnico y social determinado. Dicho esto, coincidimos con las declaraciones de una de las representantes de la Fundación para el Secretariado Gitano, Belén Sánchez Rubio: "Los 8.000 gitanos que han sido expulsados de Francia en lo que va de año, ¿eran una amenaza para la seguridad? Entiendo que determinadas personas sean una amenaza, pero no un colectivo".
Para ser concisos, el problema radica en la pobreza y en la economía de los países. Durante años, los países en sus procesos de adhesión a la UE, como el caso de Rumania o el de Bulgaria, han recibido millones de euros de los Fondos FEDER y del Fondo Social Europeo, para mejorar las condiciones de vida de los gitanos. A ello, hay que sumarles que desde 2003 los países miembros de la Unión Europea han recibido, según ha señalado un experto de la Comisión Europea al Financial Times, 17.500 millones de euros para proteger a los gitanos y a otra población vulnerable. Cantidad que no se ha destinado del todo para estos colectivos. Por lo tanto, en tiempos de crisis económicas y de polémicas y asuntos políticos, los gobiernos europeos “centrales” en materia de economía aprovechan el momento para estigmatizar al colectivo gitano rumano, con el motivo de la seguridad ciudadana a la población. Realmente lo que se está haciendo es intentar echar al colectivo que más mal está visto por la sociedad, con el fin de que la economía del país se ahorre las inversiones en tal colectivo rumano. Dicho así es realmente alarmante hasta qué punto pueden los gobiernos pensar en el “bienestar de unos pocos”, pero lo que está claro es que se utiliza el racismo propiciado, ya sea por los medios de comunicación o por otro motivo, la xenofobia, así como los problemas de convivencias que se generen en la sociedad con este colectivo, con tal de que sea una excusa para echarlos.
Por lo que vemos, el problema es bastante complicado, porque desde una visión profesional de la Educación o el Trabajo social existirían no solo una problemática en al que intervenir, sino que existirían muchas más vertientes que se acompañan de soluciones complejas. Hemos dicho que el problema es económico en casi su totalidad, pero si lo derivamos a la sociedad, el problema toma varias direcciones, ya sea la educación y formación, la convivencia, el racismo, la precariedad laboral, etc. ¿Por dónde empezamos?, como hemos aprendido, no se puede intentar abarcar todo de una vez, pero por alguna parte hay que empezar, pues lo que está claro es que como no se tomen medidas para solventar las problemáticas sociales causadas, el incremento de los conflictos sociales irán a más. La “normalización y racionalización” del racismo es uno de los inconvenientes que podemos apreciar a largo plazo, sin contar con la generalización como estereotipo que en anteriores entradas hemos hecho hincapié. Pensemos que es difícil combatir contra la cultura “del éxito basada en la cultura del dinero”, pero si intervenimos poco a poco y bien, los frutos darán respuestas en un futuro. Después de analizar más profundamente los orígenes del problema, la pregunta más importante, por lo que a nosotros los educadores sociales nos respecta, sería: ¿qué medidas y cómo intervendríamos para intentar solucionar el problema? Esperaremos a las siguientes clases para ver las vías de intervención que mejor aplicación tenga. Lo que sí está claro es que la educación y la formación es el pilar básico para empezar a construir.
Fuente consultada: http://www.rtve.es/noticias/20100909/problema-gitano-explota-cara-ue/352781.shtml El 'problema' gitano explota en la cara de la UE, Alberto Fernández. 09.09.2010


1 comentarios:
Muy buena entrada Miguel. Bien argumentada y posicionada. Por supuesto hay cosas que pueden ser matizables, pero para eso tenemos las sesiones de clase. Jose
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